Soñar si los pasos no avanzan,
dormir y que vuele el espíritu
por los infinito territorios.
Ante la quietud de nuestro cuerpo,
encarcelados los actos,
el alma escapa de esa muerte
¡y vive!
Soñar si los pasos no avanzan
Estos hilos de lluvia
Estos hilos de lluvia
son barrotes de mi cárcel.
Encierran tras el cristal
la soledad y su silencio.
Fuera, se apaga el mundo
lentamente
y la carne triunfa cada mañana.
Los ojos cansados de rutinas
esperan su descanso,
mientras, al amanecer,
despierta la fe engañada
con los alegres trinos
de estos mirlos negros.
Él siempre quiso llevar encima su reloj
Él siempre quiso llevar encima su reloj,
no desprenderse de la certeza
de estar vivo.
Lo llevaba en su delgada muñeca.
Castigadas sus venas,
cubrían su piel extensos lagos púrpuras.
Ese reloj, talismán contra la muerte
lo traicionó, paró su tic tac.
Dejó de girar sobre las horas cotidianas,
abandonó toda rutina y cuidado,
huérfana quedó la mano de su cadena
y helado el latir de su corazón.
Hoy su esfera de cristal,
sus agujas impertérritas,
me miran desafiantes,
su callado ritmo amenaza y recuerda
el último aliento.
A pesar de las nubes
A pesar de las nubes la noche es clara, las lleva el viento y a ratos cubren una luna que crece cada día. Al cruzarse por encima su claridad, deja rastros luminosos, bordes de un gris teñido de burdeos. Es noche profunda y sin embargo, parece el inicio de un nuevo alba. Perfila la luz clara con maestría este mundo que duerme. Sobre ese fondo misterioso emerge la rotunda presencia de una iglesia, trazado cada detalle con limpias líneas. No hace falta un sol para mostrarla en toda su grandeza. Hacia poniente donde se hacen nudo las tinieblas, se levanta suave una espadaña culminada por una rústica y pétrea cruz. Al este, buscando la luz, está la torre del campanario, hermosa silueta con los cuatro arcos de sus ventanas huecas tragando todas las sombras. Con su viejos yugos de madera y solo tres campanas silenciosas. Dentro, a resguardo, dormitan las palomas.
En esta noche de clara luna, bañada de gruesas nubes cargadas de lluvia, el insomne antes de rendirse al sueño, respira su belleza y deja acariciar su rostro por este aire frío. Son como estas nubes claras y oscuras, muchedumbre brumosa que huye hacia otro firmamento, abandonado el espíritu al reposo. Madrugada de este cielo sublime que contiene todos los miedos y todas las promesas, la amenaza de la incertidumbre y el consuelo de la esperanza.