Qué sola está la iglesia de noche,
con sus santos, vírgenes y crucificados.
Se oirán sus plegarias y sus lamentos,
rondarán las columnas
los rezos y confesiones de beatas,
guardados en los confesionarios silenciosos,
sus secretos arañando los oídos de los ángeles
por los carnales pecados,
ellos que no saben de deseo,
pues Dios no talló su cuerpo para la lujuria.
Qué sola estará esa solemne estancia,
qué almas recorrerán los pasillos,
qué cuerpos sin peso estarán sentados
en los bancos fríos en perpetuo recogimiento,
y cuántas calaveras apoyadas sobre los reclinatorios.
Qué sola está esta iglesia,
llena de tinieblas sin velas encendidas,
calladas todas las bocas de yeso y madera.
Qué frío en la noche oscura,
mientras, en este profundo silencio
de madrugada, yo la miro compasiva,
intento atravesar este denso muro
para hacernos mutuamente compañía,
orando al cosmos una letanía eterna.
Qué sola está la iglesia de noche
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario