Me ha inundado su aroma de hierba

 Me ha inundado su aroma de hierba
bajo la neblina de un amanecer.
Ha llegado con su traje de señora,
seria y callada.
Arrincona la voluntad
y busca un asiento cómodo
al abrigo del norte,
un lugar sereno, donde se respire
sosiego y cobijo.
Tendrá ese espacio que hacerse
reconocible y para ello
hará falta habitarlo.
Me ha inundado su bruma,
su corriente de aire frío
y mi corazón temeroso
se encoge apretado en el pecho.
Cruzo los brazos para retener
su palpitar alocado y recibir
el calor de un fuego amable.
Qué desagradable tiempo de pereza
que siembra miedos y desánimos
con este otoño recién llegado,
tan desapacible que se barrunta
se adelante el invierno.

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