La mujer arrastra el carrito
hasta el banco donde otras
jóvenes mujeres hablan
mientras vigilan a sus alborotados críos.
La mujer atiende a la personita
que carga en el carrito
Son blandas sus piernas
y su boca no grita como los niños,
balbucea algunas palabras.
No brillan sus ojos
ni es tierna su piel,
que es ya dura corteza.
Distraída con la vida,
quietecita en su carro
va la anciana.
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