La lluvia de los días

 La lluvia de los días 
hizo crecer un jardín salvaje,
desobediente al jardinero
que trató con su cuidados
de hacer caminos entre la maleza, 
impedir se desbordaran las hojas
de sus ramas.
Construyó enredos y ataduras infranqueables,
podó para que ninguna 
estuviera más alta que la otra
ni invadiera el espacio vecino.
Intentó domar a las rebeldes,
arrancar las indeseables,
evitar los pasos por la senda del deseo.
Desde la ventana de esta casa,
levantada en la colina del tiempo,
los ojos creen ver una uniformidad 
que no existe en aquel laberinto.

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