Intuyes que más allá de la ventana
un horizonte se difumina.
Entre la bruma se distinguen
elementos que tu corazón anhela.
Sabes que existe un mundo
con prados verdes,
una pradera solitaria
y una casa protegida
por centenarios árboles.
Y tú, ligera ave,
presientes que allí
está tu nido.
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