Hoy vuelvo a encender el radiador
después de un largo verano.
Expande el polvo acumulado
de aquel hogar perdido para siempre.
Aspiro sus partículas como cenizas
de un amado cuerpo.
Aquello despreciado es hoy un dulce
recuerdo del ayer.
Los restos de la nave hundida
guardan aún más intensa su imagen
flotando en mi corazón.
Es la magia etérea de las cosas.
Surcaron los cotidianos mares,
clandestino barco cargado de tesoros,
de algunos desengaños,
y un dolor sin olvido.
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