Las tardes de invierno caen encima
sin darte cuenta.
Las agujas del sol tejen pronto
un jersey de sombras.
A lado brillaba el sol
todavía lleno de promesas
y al volver la mirada
el día se hizo noche.
La esperanza del soplo de sus instantes
dejó en la caja de Pandora
el triste y exiguo deambular
de minutos,
los pies sobre la alfombra flácida
de la ilusión.
¡Qué largo parecía el trayecto
al abrir los ojos en la mañana!
Mientras se hacía el camino
alto quedaba el sol sobre la loma,
un paso tras otro, un tropiezo,
un descanso, un olvido y un presente.
La entregada hormiga a su ley
esquivó la muerte bajo el zapato.
Sin aplausos cayó el telón
pesado como un vacío
que borraba los colores del paisaje
y ofrecía las frágiles luces
para sueños imposibles.
Las tardes de invierno caen encima
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario