Esa casa abandonada
en medio del campo,
apenas unos muros levantan aún sus formas,
huecas por el tiempo,
por donde vientos robaron
las pocas pertenecías viejas
que quedaron frías
de manos cálidas y cubiertas
de herrumbre y polvo.
Sus muros permanecen
frente al olvido de unos cuerpos,
aquellos que se protegieron a su abrigo.
Levantados los muros de ladrillo y su alta chimenea.
Sus espacios como cuencas de ojos vacías miran al cielo.
Un pajarillo entra por el hueco
de la ventana de su torre
para entrar a la nada de sus recintos.
Esa casa abandonada
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