Aquella niña


Siento ternura de aquella niña
que paseaba triste y solitaria,
víctima de una guerra pequeña.
Su mirada ilusionada,
entretenida en sus juegos imaginarios.

Siento ternura de su vulnerable alma,
de sus piernitas débiles,
de su dolor tan temprano.

Siento ternura de su fuerza grande
en tan pequeño cuerpo
y sus alas soñadoras.

Siento ternura de cuán limitada agua
necesitan algunas plantas
y cómo les basta a sus raíces
tan poca tierra, a veces simple muro.

Siento ternura de aquella niña
que caminaba entre edificios derruidos
y admiro hoy a la mujer
que aún lucha apenas sin fuerzas.
 

Ser piedra que palpita


Quiso ser piedra por aquello de no sentir
y rodar como pequeño grano de arena
transportado por el viento,
bucear por los fondos marinos.
Se asoció a una concha,
llegó a ser tragada por un pez,
caminó junto a estrellas de mar,
pernoctó entre corales.
Un día, llevada por las mareas,
volvió a la playa hecha ya todo un pedrusco.
Sobre una roca fue abandonada.
El tiempo acumuló sobre su corteza
arena, polvo y lodos,
pequeños cristales que brillaban con el sol.
A veces la bañaban las olas
que arrastraban contra ella
y dejaban a su cobijo pequeños crustáceos
y otros diminutos seres vivos.
Era difícil distinguir qué era materia inerte y qué vida.

Hoy, esa coraza pétrea, siente.
No os confunda su apariencia dura,
porque esa piedra palpita.

Es


Camina una mujer calle abajo,
derrama sobre su cuerpo tibio
la luz del sol de la mañana.
No es ella ese espectro que avanza
paso a paso hacia el destino de su tormento,
ni la materia fluida, deshecha en partículas,
delimitada por unos contornos
que define una claridad engañosa.
Sobre el asfalto,
atada a sus pies,
va su sombra.
No os confunda, que no es ella
esa que lleva un bonito vestido
con estampado de rosas
y esparce aroma de espliego al andar.
Ha pintado sus ojos color canela
y cubre su mueca agria
con lápiz de labios rojo.
Es un reflejo iluminado eso que veis,
porque ella es la mancha oscura
que se arrastra por el suelo.

Eco


Ha pasado el tiempo del escalofrío,
el roce cálido del sol de primavera
y se ha instalado sin darnos cuenta
este pausado y acogedor otoño.
Se fue este invitado sin despedirse,
escabullido entre el resto de asistentes,
sin hacer ruido.
Nadie se percató de su marcha
hasta quedar vacío el amplio salón
con la claridad de su ausencia.

Ven a mí


Ven a mí, tierno corazón,
seré fresca y fina lluvia,
huracán que te agite y suelte
en un desolado territorio.
Encenderé en ti un volcán
y te recorrerán ríos de lava ardiente.
Seré fuego arrollador
que calcine un bosque
o el frío y blanco mármol de tu tumba,
abrigo cálido, paz de un mar en calma.
Te abandonaré al desasosiego,
a la tristeza de una prisión
sin horizonte,
serás alegre risa de niña,
la herida que te desangre lentamente,
el puñal que te desgarre en un instante.
la explosión de colores de fuegos artificiales,
el silencio oscuro del mundo
Seré tu hada buena,
tu bruja mala,
tu suerte.

Toco el aire de esta nueva calle

Toco el aire de esta nueva calle
en una ciudad perdida.
Saboreo su esencia, mezcla metálica,
con el aroma de ácida sangre
del tamarindo en flor.
Mancha la acera su malva pulpa
pisada por caminantes ajenos al crimen cometido.
Bebo la brisa vespertina
que anuncia la densa insolación.
Hay sabores de azahar en el parque
y siembran las risas de niños
sus rincones frondosos.
Calma la sed la venturosa alegría
que palpita como un corazón
entre las paredes de los edificios.
Suena un melódico cantar
con el pulso del motor
y claxon de los vehículos.
Resuenan en mi cabeza
las voces sin palabras
hechas de vital murmullo
con la mirada añorada de un recuerdo.
 

No encuentro la palabra definida

 No encuentro la palabra definida,
el lugar donde esconder mi único tesoro,
mas logré entre tus manos
sembrar una caricia
y de tu boca extraigo el aire
que riega mis pulmones.

Divagas


Divagas a lo largo de la mañana,
estiras los movimientos por las horas
como un chicle estrenado.
Te entretienes, te recreas con los sueños
hasta que la hora punta explota
tu esfera de satisfecha soledad
y pone a la vista tu desorden.
De demasiado lento a demasiado aprisa,
deja en evidencia tu abandono,
ese anárquico deambular matutino
con fresco sabor a menta que al llegar la tarde
se endurece como pegamento
y cuesta hincar el diente al resto de día.
Te cuesta masticar los deberes,
tienes la mandíbula desacostumbrada
y deja en tu boca toda la apatía,
perdido ya el sabor y la textura agradable.
Cada día haces acuerdos
con esa voluntad indómita
y cada día fracasas en el intento
porque hace tiempo que necesitas
masticar un nuevo sabor.

Dios / Demonio

 Dios

Dios, llévame de la mano sobre la nube de los sueños.
que navegue como barco velero sobre su espuma,
y sienta el sosiego y la ternura en su abandono,
el suave migrar sobre el piélago del cielo
ser gaviota llevada por la brisa del cálido estío.


Demonio

Suelta el filo de mi falda,
que no sea alas para tus maldades
Repudio tu astuto anzuelo,
no comas de mis errores.
Apóstata de tu dogma, dejas
al pecador con la miel en la boca.
Perjuro de tus mañas,
juegas con mis deseos.
Volatinero de la vida sin red,
te diviertes con mi suerte,
me sueltas y agarras.
Castigado con sueños inasibles,
soy paja en tu infierno.
Astuto y paciente, esperas mis temores
ya babeas con el placer de devorarme.

Ayer ocurrió la desgracia

 Ayer ocurrió la desgracia,
una más de tantas,
hoy hay trinos de aves,
silbidos melódicos de mirlos,
graznidos de gaviotas,
arrullos de palomas en la fuente.
Danzan insectos sobre bellas flores
que esparcen intensos aromas,
gorjeos de gorriones hambrientos,
gusanos repugnantes reptan y comen
excrementos de ratas.

Ayer la muerte mostró su rostro,
frío témpano, hueco como la sombra
del vuelo siniestro de halcón
tras estas montañas de vísceras rasgadas.
La muerte, perfecta anfitriona,
celebra con júbilo el encuentro:
bienvenido a la fiesta de la eternidad
el recién llegado.
Ayer, uno menos en este valle de lágrimas.

No somos los que quedamos
más privilegiados que aquellos que se fueron.
Tal vez ondeemos un tiempo el espacio,
como pequeñas pompa de jabón
que dispersa el suave aleteo de mariposa,
frágil semilla ligera que surca
el océano de campos sembrados,
mota de polvo, marioneta de comparsa
movida por hilos invisibles
de aire, de silencio, de ausencias.

Ayer se despedazaron cuerpos
en este campo de batalla,
hoy entre cantos de pájaros
estallan sobre un cielo azul
el cráter de un grandioso sol
que rebosa su lava de fuego
como puñales clavados
en la piel quemada.

El hado de este bosque

 El hado de este bosque
se miraba en las aguas cristalinas,
ahora la noche avanza sin tregua
y devuelve simplemente el reflejo
de una luna hastiada
y en su espejo ya no soy el mismo.

Son tus manos y piernas

Son tus manos y piernas
parte de un cuerpo igual al mío.
En tus facciones reconozco
a un semejante.
La tierna carne que vibró
al contacto del frío abismo
te entregó igual que a mí a esta tierra.
La existencia fortuita de un cosmos
regaba por igual todas las células
que germinó en este fruto.
Dicen las palabras y los gestos
que somos idénticos,
corre por tus venas el mismo río.

Se ha agitado el mundo y las palabras

Se ha agitado el mundo y las palabras
en los diccionarios se han trastocado,
mezclando sus definiciones
como quien habla en idioma extranjero.