Materia líquida, brisa suave

 Materia líquida, brisa suave,
agradable compañía, visillo
que deja entrar la vida por la ventana.
Velo que insinúa un rostro
y nos seduce con su mirada serena.
También materia sólida, 
viento gélido,
abrumador silencio,
telón de esparto ,
muro de piedra,
visita incómoda, 
enemigo que se instala en casa.
Hormigas que te muerden los pies
y te lanzan a la calle 
con desesperada convicción.
Huir de sus fauces.

Hallar al otro al torcer la esquina,
ir tras la corriente de voces,
del griterío que empuja
y frena esa profunda voz 
que no miente,
verdad que estalla sin piedad 
al borde de la boca 
con los labios apretados 
en una sonrisa.
Cubre agujeros en esa tierra seca
con prestadas gotas de sueños,
un chaparrón de muchedumbre
para regar la abandonada alma.

Ay, esa soledad amorosa, dulce
como alas de ángeles,
placer de un dios 
en tardes cálidas.
Saborear sus manjares deliciosos
sin asedio ni premura.
Vuelo de ave por un generoso cielo,
arrullo de olas sobre la arena
dorada y suave.
Doncella cándida, bruja malvada,
calma sin dolor, enfermedad pertinaz.

Desatada de su clausura, regresa pletórica,
al quitarse las prendas festivas,
se pone el pijama de presa.
Trae en su cesta las frutas recolectadas.
Chirría la llave en la cerradura,
abre la puerta de su casa.
Le abofetea el denso silencio,
le envuelve una helada atmósfera.
Retumban sus pasos por el pasillo
como los ecos en una garganta.
Solo gimen los objetos 
que le reclaman por su ausencia.
Fue su partida un refugio,
península transformada 
en isla desierta.

Le acompaña su sombra,
un deformado reflejo ,
espejos cubiertos de vaho
por donde afloran manchas oscuras.
El tiempo disolvió su azogue
y por los ángulos escapa la clara imagen,
pierde su transparencia.
No es el adorado trono,
sino la pérfida reina
que lleva en su piel tatuada
su castigo.
Busca en su fondo la otra,
hundida entre un juego de luces,
entra traicionera y se adueña
de todos los espacios.
Muestra la amarga verdad
y se engaña moviendo esta noria,
desoye el latir de su corazón
con el crepitar del mundo.
Rellenar la agenda con reparto de deberes 
y hacer balance cada semana
inventando nuevas proezas 
contra las horas.
Ahoga y niega los desalientos
y, a pesar del esfuerzo
por suplir la genuina piedra
por perlas falsas,
al entrar al salón,
le espera sobre el sofá
la gravedad de su cuerpo.
Entonces, ¡se siente tan sola!

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