En sus ronquidos el sueño divaga
por los estrechos senderos
de una geometría anárquica.
La tarde silenciosa y su rumiar
es melodía desacompasada
sobre un tiempo sin números
ni agujas,
solo torcidas y blandas formas.
En un banco un hombre piensa
o tal vez sueña por espacios tangibles,
imágenes sujetas a una también frágil estructura.
Detrás de él pasea una autónoma máquina
que corta la yerba salvaje del jardín
de la isla de una casa.
Pasa alguien por delante,
levanta y gira la cabeza
como si pasara la nada misma.
Se marcha.
Al rato otro hombre se sienta en el mismo banco,
enciende un cigarrillo
protegiendo con una mano la cerilla.
A sus pies dos perros fieles
dialogan con su mirada.
El banco ha quedado vacío,
la tarde opaca y dulce
alimenta un ocaso sin hacer sombras.
En sus ronquidos el sueño divaga
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