Llueve, es una lluvia suave.
Tras su diáfano visillo,
el paisaje se difumina.
Sobre su fondo contrastan
los altos edificios
con sus llorosos cristales.
Es lluvia amable,
aunque no para la mujer
que camina apresurada
por el sendero de piedra.
Es una sombra que avanza
bajo un paraguas,
lleva su bolso apretado al cuerpo
como un cachorro mojado
y desvalido.
El agua empapa sus pies,
las gotas saltan sobre los charcos
mientras ella traza una línea recta
en busca de su cobijo.
Nadie más transita por la calle
hay un silencio roto
por el golpear de la lluvia
en tenue musicalidad.
La vida se cubre con este velo traslúcido
para entrar con respeto a su templo.
Llueve, es una lluvia suave
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